Fotocomedor

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lunes, 20 de agosto de 2012

El pueblo


Hemos venido del pueblo. Dejamos atrás la mirada emocionada de la familia querida, la raya de lágrima sujeta en el párpado  tratando de frenarla por el consuelo y convencimiento del regreso, aunque siempre inseguro porque el futuro no es sólo nuestro. Dejamos atrás campos de oro tras la siega, llanos infinitos de aire y cielo, girasoles embobados, bocanadas de fuego de verano aliñadas de mil olores del campo y vistas pequeñas pero consistentes de referencias verdes. Dejamos que la nostalgia nos mantenga en silencio el tiempo  suficiente para consolidar la sensación del viaje de retorno.

Han sido días de feliz tranquilidad, descanso administrado con generosidad, dejándose llevar por el tiempo solar o sencillamente el tiempo, sin medidas, sin citas. Visitas esporádicas a Toro, Zamora y Salamanca, monumentales, preciosas, gastronómicas, imprescindibles. Olimpiadas y resto de eventos mundiales, a retazos, más encontrados que buscados. Para ser muchos nos llevamos la sensación de no haber estado invadidos y de que el espacio ha dado suficiente para la risa colectiva y para la intimidad de una lectura.  La infraestructura, el cuidado diario, ha salido fundamentalmente de unas manos generosas, con orgullo de entrega, con dedicación impagable. Como se dice en mi pueblo cuando algo rebosa la medida: con cogüelmo.

He salido con mi nieto a esas mañanas frescas de Castilla donde todavía la vida no bulle, donde los reflejos claros de luz te dan el ímpetu de todo lo que comienza.  Entre el lenguaje de trapo de él y la atención tierna y ensimismada del abuelo, hemos convertido esos ratos en experiencia vital para mí y, tal vez, para él. Uníamos las pocas ganas de andar de sus 2 años y medio, a mis ganas de tenerlo físicamente más cerca del corazón:“ ¡Abelo, a coll! (¡Abuelo, a hombros!)”. Y enzarzado en mi cuello, salvado de todo peligro de coches y perros, andábamos rastrojos hasta ver los caballos, oír las campanas, atender las intermitencias de tórtolas y gallos, citar a las vaquillas como si fueran bravas, interrumpir la labor de las hormigas en los regueros a pie de camino. Pero no le he podido enseñar la cigüeña. Hemos señalado el nido por encima de la espadaña de la iglesia, en una posición de caída inminente pero ¿dónde está la cigüeña? Desde hace años hemos viajado  al pueblo intermitentemente pero tenía la convicción de que la que nunca faltaba era ella. Así que tenía algo de mal augurio, como si la crisis la hubiera empujado ya a la emigración. No hemos sabido el motivo de la ausencia, tan temprana, y ya se sabe que el pueblo sin cigüeña está como incompleto y las fotos de ogaño vacías.

Hemos completado la tierra con la mirada a un buen cielo. Las noches se cargan de luz tintineante y las constelaciones más conocidas, más difíciles de localizar por la enorme carga de estrellas. Tantas estrellas ofrecidas por el romanticismo, tantas ofrecidas como símbolo permanente de a quien has querido toda tu vida y al mirarlas te hace sentir seguro, pues las miras, y te das cuenta que lo haces con los mismos ojos emocionados. Tantas estrellas testigos inertes de lo bueno y de lo malo. Y ha sido un espectáculo la precisión horaria del paso de la Estación Espacial Internacional (ISS): lunes, 4 de agosto, a las 11:17 PM a 76º en el cielo durante 4 minutos. El ambiente expectante, incrédulo a momentos, era inigualable. Toda la familia para ver no se sabía qué exactamente, pero fue un regalazo. No tuvimos suerte con Las Perseidas pues sólo vimos una claramente en un cielo demasiado emborronado por una neblina que sólo nos permitía ver algo en nuestro zenit.

Hemos completado la tierra no sólo con el cielo sino con más tierra, debajo de ella: las bodegas. En las bodegas te transformas, como si fueras otro, porque el abrazo de la tierra y el abrazo generoso del vino convierte cualquier situación en única, por graciosa, por alucinante, por mentirosa, por inventada, por ridícula, por trascendente, por tradicional, por cante, por baile,…..Sin la bodega, el carácter del pueblo se desdibuja, se diluye. La bodega da el perfil, junto a las peñas de grandes, de chicos, de jóvenes fundamentalmente, que con ella se permiten romper los límites habituales de lo cotidiano.

Es la fiesta y así la hemos vivido, con sus rituales de toros, bodega, música, baile regional y pura artesanía (de la prima Isabel), exhibición de pasarela en la iglesia el día de la Virgen de las Nieves y los horarios destrozados para vivirla intensa y diferente.








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