Fotocomedor

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sábado, 13 de julio de 2013

Sanitas

Es hiriente esta visión de destrucción de la Sanidad que se va constatando cada día además de las conquistas sociales que vamos dejando en el camino. Yo sitúo la pérdida de oportunidad de frenar esta debacle justo ahora hace un año, con la reforma laboral. Si los sindicatos no tuvieron la valentía de hacer un pulso histórico, ahora lo pagamos con el fracaso. Y si antes los sindicatos temían ser borrados del mapa por pasarse (dada su falta de independencia) ahora son borrados por su inoperancia, por su dejación de responsabilidad y por tanto condenados al ostracismo. Otras organizaciones de base están cumpliendo mucho mejor el cometido de defensa de la justicia social que esos sindicatos afectados de parálisis total. Han arrastrado con su fracaso hasta el propio concepto de sindicalismo.

Como decía, el órdago a la Sanidad es tremendo y sobre todo porque en este terreno, la equidad, la igualdad, es fundamental, vital en su sentido estricto. La conquista social de la sanidad, como las pensiones o la educación son tan importantes que se hace difícil pensar que no estemos ante una explosión social desesperada.

Asistimos a una modificación profunda de las reglas de juego capitalista, neoliberal, con una transformación de la estructura económica y política representada fundamentalmente por un programa masivo de privatizaciones absolutamente bárvaro en el que todo se convierte en objeto de negocio, sujeto a las leyes de mercado. Todo. Así resulta que en lo que se refiere a nuestra salud se está jugando a la ruleta rusa y sólo nos daremos cuenta del juego cuando tengamos la bala metida en los sesos.

Decía la más que famosa Margaret Tatcher: "La economía es el método, pero el objetivo es cambiar el corazón del ser humano". La cosa es de alcance. No se trata de vencernos, se trata de convencernos. Estos infiltrados, defensores todos de lo privado, son a la vez muy aficionados a gestionarnos lo público.¿Qué legitimación moral, incluso política, tienen estos bárvaros para atacar de esta manera el bien común? Ninguna. Así que ya sabemos qué hay que hacer: ¡arreando!.

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