Fotocomedor

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martes, 22 de julio de 2014

Demagogia versus realismo

Decía Manfred Max-Neef, un activo economista y ambientalista chileno, en una conferencia del año 2009 que me ha pasado mi amigo Antonio, que la FAO necesitaría 30.000 millones de dólares anuales para erradicar el hambre de 1.000 millones de personas en el mundo. Paralelamente las ayudas públicas emitidas para salvar a los bancos y el mundo financiero han sido del orden de 17 billones de dólares (17 millones de millones de dólares). Hacer la división nos daría como resultado que daríamos de comer durante ¡560 años ! a todos los que lo tienen todo perdido en lugar de dárselo a los que lo tienen todo. Si pedimos erradicar el hambre seguro que nos tacharán de demagogos pero si defendemos salvar a los especuladores nos elogiarán por ser realistas. Así están las cosas: las reservas del dinero público están para salvar los incumplimientos de las reglas de juego que dicen tener los mercados. El neoliberalismo, como ideología imperante, trata de convencernos no sólo de que es la opción realista sino que es la única y por supuesto nada demagógica aunque basta revisar críticamente los mitos en los que se fundamenta para ver la demagogia de verdad.
El neoliberalismo se proclama como ideología ganadora y hegemónica en el mundo tras el desgaste socialdemócrata y el fracaso del comunismo. La liberalización de los mercados y las privatizaciones conlleva dejar al Estado en esqueleto y vaciado de esencia democrática. El neoliberalismo no es una situación coyuntural o una respuesta de ajustes ante la crisis; el neoliberalismo creo que es una ideología en el sentido definido por Hannah Arendt: la lógica de una idea cuyo distintivo esencial es la consistencia lógica con la que se pretende, casi científicamente, dar explicación del pasado e interpretar los caminos del futuro. Desde sus premisas pretende dar explicación excluyente, sin otras alternativas, de la realidad que vivimos. Esta explicación omniabarcadora, que quería suplantar la naturaleza humana misma, era referida por Arendt para los totalitarismos conocidos, fascismo o comunismo, pero por la pretensión hegemónica que pretende el neoliberalismo le cuadra la definición. Afortunadamente el concepto de lo humano no se deja atrapar en una definición  estática y cerrada, dado que la imprevisibilidad del hacer humano puede lograr cosas tan nuevas que nadie sería capaz de predecir.
Conviene no confundir neoliberalismo con liberalismo, incluso podría decirse que son antagónicos. Aquél liberalismo representado por los Adam Smith y los Stuart Mill, era representativo de una burguesía revolucionaria en sus ideales humanistas, cargado de una ética enfrentada a las consecuencias generadas por la revolución industrial y se preocupaba por los problemas sociales (Hector Samour). A los neoliberales, demostrado queda, les importa un rábano el sacrificio social.
El neoliberalismo es una ideología que busca la universalidad y para ello se basa en una concepción del ser humano, una antropología definida y se basa también en una teoría de la sociedad y en una teoría política y del Estado que no pretendo desarrollar pero sí podemos afirmar a grandes rasgos que bajo la mirada neoliberal somos seres posesivos, es decir, tenemos un individualismo posesivo que eleva la propiedad privada a la característica esencial de la naturaleza humana. Los humanos somos para esa mirada, desiguales por naturaleza y sólo es posible la igualdad ante el mercado y la ley. El Estado es una estructura  que sólo  garantizará las relaciones contractuales entre individuos. El concepto de “igualdad de oportunidades” significa en el neoliberalismo, no un derecho igual para todos a tener una vida digna, sino “el mismo derecho, igual para todos, de participar en la carrera competitiva para alcanzar el máximo beneficio posible”. Las desigualdades sociales se postulan como desigualdades naturales.

Lo dicho hasta aquí es una aproximación a comprender dónde estamos y por qué. A comprender que la demagogia versus realismo que apuntaba al inicio puede que no sea fácilmente resoluble a favor de la primera pero lo que está claro es la terrible obscenidad que representa tan enorme e injusto despilfarro y desigualdad.

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