Fotocomedor

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domingo, 27 de julio de 2014

Secreto

Jo, qué bueno! Buscando el secreto de la felicidad no me estaba dando cuenta que la tenía al lado, que estaba conmigo.
Estaba y está en la sencillez de querer a una compañera a rabiar; en la sencillez de aceptar con un poquito de conmiseración los ditirambos y sucumbes de tus hijos; está en la alegría desmesurada de un encuentro con los nietos, esa espectacular recepción de un temprano y titubeante deambular que termina su recorrido en tus brazos, en la risa desatada de los juegos del absurdo, en un beso inesperado; está en la alegría del sexo con la madurez exigida de los años que tienes; está en la generosidad y la entrega de compartir la amistad en alma y a veces en cuerpo aunque los achaques te lo limiten, depende claro está de lo que pida la ocasión.
No hace falta complicar la búsqueda a partir de las huecas consignas ni las divinas palabras de santeros al uso, de mil religiones o mil iluminados que opinan de la grandeza y la miseria del alma. No, todo es más sencillo, todo es más cotidiano y más cercano, todo es más instintivo, más intuitivo, más íntimo y más propio. Se trata, tal vez, y sólo tal vez, de elegir un camino que quieres y puedes recorrer. Seguro que en él se te enreda, sin pensarlo siquiera, una felicidad que sólo podrás ver en tiempo pasado pues la felicidad, creo yo, poco entiende de promesas: hasta aquí puedo decir lo que he sentido y siento, a partir de aquí sigue siendo siempre un reto. Tal vez, y sólo tal vez, se trata de no eludirlo.

Por supuesto esto no es una consigna.

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