Fotocomedor

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martes, 18 de noviembre de 2014

La dichosa realidad

La derecha parece tener una relación más privilegiada con la realidad si nos ponemos a compararla con la izquierda. Eso significa que antes o después te van a dar con la realidad en los morros. La mejor manera de tapar un discurso de izquierdas es atizar con la realidad.

Pero los propios realistas han dado muchas vueltas a la realidad, esa especie de referencia infalible y machacona que tanto gustan de usar los conservadores. Como decía Zabala “la verdad no es el resultado de determinadas descripciones, sino una consecuencia de interpretaciones productivas pero siempre incompletas”.

La realidad, entendida como objetivo práctico, objetivo que reinterprete la realidad a conseguir, es un elemento de emancipación que nos libra de la auto contemplación teórica, algo que por cierto a veces se acerca al fanatismo, y nos acerca a la rebelión contra lo que se presenta como definitivo e inamovible. La mejor libertad es aquella que se consigue o se conquista con resistencia, dejándonos las plumas por el camino, y sin eso nos perderíamos probablemente en el vacío y la locura, eso sí, puros como ángeles. Somos cuerdos porque las cosas no son fáciles, nos afrentan y nos devuelven como un espejo algunas contradicciones. Un proyecto político no desmentido, afrentado, no nos deja descubrir nuestras incongruencias y el buen uso que hayamos hecho de la libertad. La liberación de un proyecto político está en la experiencia de cambiar las cosas, transformando nuestra revuelta ilusoria y puramente expresiva, en modificaciones sustantivas de la realidad. 
Nuestra voluntad de hacer frente a los realistas, que tan afanosamente custodian la realidad actual, es el instrumento, es nuestra alternativa. Voluntad y voluntad de cambio porque hay otra realidad posible que nace de la ilusión de romper lo que se nos presenta como imposible, es esa capacidad y voluntad lo que arrancará la hegemonía de interpretación conservadora sobre la realidad. ”Seamos realistas” es en estos momentos la expresión de una incapacidad para el cambio, para nuevas alternativas.

La realidad es un campo de batalla y no podemos rendirnos ni perder la oportunidad de definirla y gestionarla. Los valores de la izquierda deben medirse y confrontarse con diagnósticos y actuaciones eficaces. Lo que está claro es que el discurso de los “realistas” se mantiene hoy como la relación de un estrepitoso fracaso en lo ético, lo social, lo político y lo económico.

Nos toca conquistar la realidad y puede que este sea el momento.

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