Fotocomedor

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domingo, 28 de diciembre de 2014

Proceso

Se está dando en el llamado proceso catalán una condición necesaria para seguir y ensanchar su alcance: la ilusión.
Todas las movidas, enormes movidas colectivas de nuestro pueblo, han contado con ese elemento esencial, la ilusión. Y no es de extrañar que así ocurra cuando nuestro día a día está cargado de tintes grises, descorazonadores, por el avance de la injusticia, la desigualdad, el desamparo, el cinismo informativo, etc., que tienen sus causas objetivas en el paro, la corrupción, el despotismo del poder, etc. etc. Pero la ilusión no sé muy bien por quién y hacia dónde está dirigida para superar los males sociales que nos rodean. Porque en todo este movimiento, o proceso, lo que veo son dos componentes. Una reivindicación histórica, larga en el tiempo, sobre la identidad de un pueblo, de una nación, es decir los rasgos que la definen y que giran en torno a su cultura, su idioma, y otro componente que es el de la búsqueda del bienestar que gira en torno a un buen nivel de justicia, igualdad, educación, sanidad… Se trata de discernir cuál de ese movimiento es el motor más significativo o si son los dos a la vez.
Para un no independentista la identidad es un hecho innegable, absolutamente transversal, que sólo cabe respetar sin fisuras. Así, no encontraría yo ningún elemento jurídico, ni político para impedir el derecho a decidir en referéndum sobre este asunto. Obtenidos los resultados, ya veríamos cómo seguir manteniendo la convivencia que bajo ninguna justificación debería romperse pues sería el resultado de una decisión tomada en libertad.
Para un no independentista la búsqueda del bienestar, el segundo componente citado, ya no está tan clara en ese movimiento y creo sinceramente que en este terreno la ilusión es manipulable porque la demagogia puede dispararse hasta límites de disparate.
Estos dos componentes los apuntaba Borja de Riquer cuando establecía  dos maneras de representar el proyecto de una nación: como esencialista o como proyecto político.
En la izquierda tradicional catalana veo una mezcla algo tensa de los componentes de la ilusión porque implica alguna confusión sobre la prioridad que debe tener la identidad o el proyecto político. No veo nada claro que la legítima reivindicación de la identidad lleve aparejado un proyecto político que nos saque de los múltiples males que padecemos hoy y que intuimos ampliados para mañana. La contradicción de hacer viaje o proceso con parte de los responsables de nuestro estado de malestar no me llega al cerebro porque no me pasa por el estómago.

Reconozco lo difícil que es en estos momentos no dejarse llevar por la ilusión y su inevitable carga de demagogia y simplicidad de argumentos que utiliza el independentismo, como de la misma manera veo difícil no dejarse llevar por la ilusión de cambiar las cosas que hoy representa el nuevo partido político Podemos, con un discurso inevitablemente demagógico y simple. Ambos están arrastrados por la ilusión. Así que hecho a faltar esos argumentos que pasándome por el estómago, es decir, por las propuestas que tocan el día a día, lo concreto, me lleguen al cerebro, es decir, a la razón que será la que me justificará la decisión (que ahora mismo se me presenta impredecible) con pretensión de responsabilidad sobre mi futuro y el de todos.

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