Fotocomedor

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viernes, 1 de marzo de 2013

La Mancha Humana


De lo que he leído de Philip Roth, extraigo la idea de que es perfectamente capaz de hablar, de hacer entender ilustrándolo con sus personajes, el significado de la exclusión social, ya sea por religión, ya sea por enfermedad, por ideas, por raza, por sexo, etc., y  lo hace para mi gusto con verdadera maestría. La hipocresía, la superficialidad, la banalidad, van tomando relieve en la caracterización de sus personajes y sus historias, como es esta de La Mancha Humana.

Esta importante novela nos presenta a un reputado profesor de la Universidad de Athena, en Columbia, que pasando lista un día a sus alumnos se da cuenta que hay dos que no vienen nunca a clase, hay dos nombres que no aparecen nunca en el aula. Suelta entonces una pregunta casi retórica ¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho “negro humo”? No parecían tener mayor trascendencia estas preguntas, pero se da la circunstancia que esos dos alumnos que no asistían a clase eran  negros. Aquí empieza su calvario.

Tras un proceso deprimente de acusaciones de racismo, de abandono de apoyos, de traiciones descaradas por salvar lo políticamente correcto, al final es expulsado de la universidad. Todo el trabajo de eficiencia y modernización llevado a cabo durante años no le sirvió para nada. Al contrario, su empuje renovador le granjeó envidias y reproches interesados. El impacto de su caída en desgracia provoca la muerte de su mujer: un asesinato en sus propias palabras.

Su enorme frustración , su autodestierro le lleva a guiar su vida de otra manera aunque siempre con el resentimiento, con la injusticia clavada en su memoria y… con un secreto: él es negro, “un negro de piel clara de los que a veces se le toma por blanco”, es un negro judío y su familia  negra . Él lo que tiene es un afán por  ser él mismo, por hacerse a sí mismo, un afán de búsqueda del yo, no un cambio del “nosotros los negros” por el “nosotros los blancos”. No. Un ser incoloro. En el contexto de esta historia, los negros siguen teniendo que dar importancia a ser negros, para bien o para mal, mientras que lo blancos pueden elegir si es importante o no el color de la piel. Por eso en el afán de libertad le cuesta romper con sus orígenes, paga un enorme precio, rompe con su madre, con su padre, con sus propios hijos a los que va perdiendo en un mar de incomprensión cuando se junta con una mujer que tiene la mitad de su edad (él,71 años).

Rechaza los clichés provocados por su relación sexual: “ Todo el mundo sabe”(por la mala reputación de la chica) es la manoseada y superficial expresión, la trivialización de la experiencia y “lo que resulta insufrible es la solemnidad y la sensación de autoridad que tiene la gente al expresarlo. Lo que sabemos es que si hacemos abstracción de los clichés, nadie sabe nada. No es posible saber nada. No sabemos realmente las cosas que sabes y por lo tanto todo lo que no sabemos es asombroso”.

Se imponía por tanto un vivir con su fracaso social de una manera modesta, de nuevo organizado como un ser racional y eliminando la desgracia y la indignación. Si se mantenía inflexible lo haría de manera discreta y apacible. Una contemplación digna se imponía. No era necesario observar conductas que le hicieran vivir como un personaje trágico. Se trataba de lo primordial, algo que siempre parece una solución. Lo primordial. Siempre es así y todo cambia con el deseo y la voluntad.

Pero todos arrastramos imperfecciones. Todos arrastramos una mancha original como nuestro profesor, como su amante, como el propio narrador, como la envidiosa y ocultamente enamorada traidora universitaria que lo delata, como sus hijos. La mancha humana es un hecho y resulta históricamente terrible limpiarla, perfeccionarla con raseros de virtud, revelada o no, con cruzadas purificadoras. Es una modalidad de nuestra condición: la condición humana.

Lo dicho: un gran libro.

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