Fotocomedor

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viernes, 29 de marzo de 2013

Nieta y Literatura


Cuido a mi nieta mientras duerme y también cuando tiene activa vigilia. Me asomo a su cuna en el momento que empieza a despertar y lo primero que me regala es una sonrisa de oro. Quién sabe, puede que reconozca ese perfil  calvo, ese contorno de gafas, esa tonalidad de voz que se queda medio rota por una ligera emoción. Lo que sabe seguro es que hay alguien que se la come a besos, que le quita ese pañal incómodo, que le acerca a la boca el biberón que ella atenaza con desespero. Tras todo este ritual de encuentro y supervivencia, es mi voz, ahora convertida en lamentable nana, la que parece darle seguridad porque desde luego llora muy pocas veces. Me mira con ojos infinitos, inmóviles hasta que sus párpados van cediendo al balanceo y se entrecierran lentamente, o se abren en un respingo de vértigo cuando el sueño está venciendo. Después me acerco sigilosamente al crisol de sábana y cuna y la suelto de mis brazos de pluma. Me pierdo entonces en algún resignado suspiro y grabo en esta débil memoria los perfectos contornos de un bebé durmiendo. El tiempo queda compensado en esta aislada, pero recogida y cálida, habitación de hospital.

Los tiempos son largos y a tres palmos escasos de mi nieta, con la agudeza de centinela siempre alerta, voy aprovechando otras ventanas más allá que la que a esta hora me da luz: las ventanas que me ofrece la Literatura. Mientras ella duerme yo sujeto un libro, me como renglones y renglones con satisfacción. Se abren mundos, se abren caracteres, personajes, reflexiones, denuncias, vida, muerte y cualquier aspecto de la inabarcable naturaleza humana. Este discurso eterno sobre la verdad, la belleza, la justicia, está en el discurso literario, desde Platón a Spinoza o Montaigne, o el incomparable Cervantes. Poesía, o novela, o ensayo, qué mas da: riqueza literaria al fin.  Los matices y las interpretaciones literarias, el valor que les acompaña, te acercan al conocimiento por otra vía. Me gusta y le agradezco a mi nieta tanto el tiempo que me quita, como ,visto de otra manera, el tiempo que me regala.

1 comentario:

  1. Creo firmemente que esa pasión que le pones en ser abuelo es lo que hace que tus nietos te quieran con locura y te regalen mimos y sonrisas. Igual que la pasión que pones en ser padre, por eso tus hijos intentamos darte mimos y regalarte sonrisas. Un beso!

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