Fotocomedor

Fotocomedor

domingo, 18 de mayo de 2014

Trader

A través de El  País leo un reportaje sobre el documental “Master of Univers” que protagoniza un financiero alemán llamado Rainer Voss.
Es sencillamente espeluznante volver a ver lo que de hecho ya sabemos sobradamente: la crisis financiera tiene nombre y apellidos de protagonistas, ya sean particulares, institucionales o empresariales.
A Rainer Voss le sigue gustando el dinero pero le revienta, después de 20 años trabajando en ello, que el sistema se haya pervertido. Cuenta que su primer día de trabajo como trader ganó más dinero que su padre ingeniero en toda su vida. Este trabajador de las altas finanzas, este operario de los mecanismos destructivos del dinero como dice Muñoz Molina, situado a pesar de todo en un tercer nivel de decisión financiera, es explícito: “Creamos innovaciones financieras, logramos que la economía real se subordinara a la financiera y sobre todo se desregularizó el mercado. No te engañes: no existe el mercado libre”.
Desde las grandes corporaciones empresariales, bancarias, institucionales, etc., se especulaba y se especula con cotizaciones que pueden cambiar en segundos y que quien maneja la información antes y mejor (con la ayuda de tecnologías y mediadores bien pagados) son los que ganan. Los inversores privados asisten a una fiesta como bobos: no saben que, en conjunto, siempre pierden. Puede verse el documental Inside job que ilustra bien el tema.
Algunas perlas: “El dinero es como el amor: nunca tienes suficiente”.  No se puede pinchar el globo financiero y hacerlo reventar como sería deseable porque las consecuencias son catastróficas pero ineludiblemente “debemos ir sacándole el aire aunque sea poco a poco”. Lástima que mientras tanto, un montón de países pide ayuda urgentemente.

El sistema en definitiva ha olvidado la moral (¿la tuvo algún día?). Explica Rainer Voss que en el sistema la gente se convierte en culpable sin ser culpable porque actúan según las propias reglas del sistema. Esto sigue siendo el dilema moral de siempre: la moral te sube los colores y el cerebro es incapaz de reaccionar. Las escusas de los culpables suelen ser las mismas: obedecen reglas u órdenes sin reflexión ninguna a pesar de la desgracia social que implican sus actuaciones. La banalidad del mal, diría Arendt.

No hay comentarios:

Publicar un comentario