Fotocomedor

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domingo, 22 de marzo de 2015

Sopas

En la marquesina de una calle de mi barrio, la Vía Julia, se instala hoy un restaurante atípico. Los propietarios son todas y cada una de las personas que participan en el que empieza a ser clásico  Festival de Sopas del  Mundo. Su objetivo no es ganar dinero sino propiciar el encuentro y la convivencia  alrededor de los fogones y las viandas. Desde esta marquesina se defienden los proyectos cooperativos con productos de proximidad y se prioriza la calidad nutricional de su carta mientras se cuidan los vínculos afectivos que se generan en torno a la comida de este improvisado restaurante. Es un proyecto donde la riqueza sólo es entendida dirigida al bien común.
De un tiempo a esta parte, no obstante, la franquicia de restaurantes “Castafiore” es la causa de sus principales problemas. Dicen los sabios del pueblo que esta poderosa franquicia organiza comidas exclusivas para mantener barrigas selectas contentas: capos de la banca, chefs de administraciones recortadoras de derechos y otras “honorables” amistades.
Para mantener los privilegios y seguir haciendo crecer su negocio, los “Castafiore” ponen sus intereses particulares por delante de los intereses de la mayoría:
-Hacen sopas de sobre a niveles industriales a base de sustancias adictivas, conservantes, colorantes y potenciadores del sabor con los que pretenden disfrazar su producto de mala calidad que además provoca en sus adeptos aislamiento y debilidad.
-Fruto de los pactos urdidos con los poderosos, se apropian de las riquezas producidas por la comunidad, que debieran revertir en satisfacer las necesidades básicas de la gente. Estos oscuros negocios han provocado la precarización de las condiciones de vida de las personas, la pérdida de su trabajo o de su casa y el aumento de la pobreza y la desigualdad.
Ante este panorama, la marquesina de mi barrio no pierde el coraje y sigue haciendo de la necesidad virtud, sin renunciar a la denuncia de los privilegios de los “Castafiore”. La marquesina continuará abriendo sus cocinas, creando y ofreciendo lo mejor de lo que tiene para seguir transformando la realidad.

Hoy, un reconocido chef ha decidido poner al servicio de este proyecto su experiencia y transforma la marquesina en el mejor restaurante de mi barrio, de la ciudad y del mundo mundial porque “la vida sin sopas no tiene sentido y desde luego sin justicia menos”.
(Texto extraído y ligeramente modificado del pasquín de los organizadores) 

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