Fotocomedor

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lunes, 4 de mayo de 2015

Recuerdo


Profunda alegría de oír por teléfono la voz de mi amiga. Golpeada por la arbitrariedad del destino ella ya puede hablar de la vida, ya deja de hablar de la muerte de lo que más quiere una madre. Su tono de voz me transportó enseguida a una parte de mí ya lejana en el recuerdo. Tras ponernos al día de sentimientos y quehaceres cotidianos, al despedirme, con un abrazo de corazón, me quedó un nudo de congoja.
Es tremendo. Das una mirada atrás y puedes contar tu vida probablemente en unas pocas frases, cuatro reflejos débilmente cogidos por otros tantos finísimos hilos que una distracción los rompe o los lleva al saco del olvido. El tiempo va actuando como una ventolera en campo abierto y aquellos recuerdos, aquellos trozos de memoria que nos conforman, corren como trotamundos en tierra yerma. Todo se vuelve más plano y sin abrigo. Todo apunta a cierta desolación. Deberíamos aceptar que somos un relato, un relato corto que cuando nos lo contamos, o lo contamos, lo hacemos con algo de bonanza, limando aristas y tratando de dejarlo con la intensidad de un cuento, uno de esos de héroes aunque sean de los cotidianos. Al pronto es difícil  responder a la pregunta que te haces o te hacen de ti mismo. ¿Qué digo? ¿Qué puedo decir que fuera más allá de ser un manojo de años y de miedos; que fuera más allá de comprobar mi ingenuidad y mis errores; que fuera más allá de sentir lástima por el tiempo perdido y por tanta mediocridad? Además creo haber tenido el empeño de conseguir cosas como si fueran a ser para siempre y definitivamente mías, sin ser consciente de que nunca están seguras, que nunca están ganadas eternamente, que un segundo evapora y cambia la vida. No, el tiempo pasado ya no cuenta y sigo manteniendo la dudosa certeza de que ahora sí, ahora sé más, ahora no cometería esos mismos errores, sin darme cuenta que este hoy es el ayer de un mañana que enjuiciará estas convicciones presentes como fútiles, tontas, inútiles.

Espero que en un nuevo encuentro, en un nuevo diálogo con mi amiga no me haya abandonado del todo la memoria y pueda evitar que ocurra que no sólo no tenga respuestas sobre mí mismo sino que tal vez no tenga ni preguntas.

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