Fotocomedor

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domingo, 24 de junio de 2012

En el solsticio de verano


He tenido la osadía de hacer una Coca de San Joan…..¿Y qué? Pues que en las pequeñas cosas encuentra uno a veces los pequeños detalles, las ligeras satisfacciones que dan algunos instantes y que te quedan como un suspiro calmado y agradecido. Luego, si está buena la coca, vienen las condescendencias amigables o el halago familiar , al menos para que no decaiga el ánimo y gratificar el esfuerzo: progresa adecuadamente, sería la sentencia al uso.

Pero no era a la bobadita de hacer un dulce a lo que quería referirme, era a la adecuación del tiempo, a la adecuación a los instantes cotidianos, a esos tiempos en los que parece que no pienses, que tengas ausencia de todo, que no te colocan en ninguna trascendencia, que no suman en la categoría del tiempo “bien empleado”. Esos tiempos que no participan del entusiasmo del éxito, que no participan de la intensidad de la creación , que no son los tiempos de intensidad de los deseos, que no son tiempos en los que el corazón manda, vibra y abarca la experiencia entera en torno a un eje del que tú mismo eres centro. Son los tiempos de la solitud. Son esos tiempos en los que sin darte cuenta estás cruzado por olores, sabores, colores, sonidos de radio, de calle, todos efímeros, como relámpagos sin drama de tormenta. La luz se adueña del entorno y te roba los matices de las cosas que te quedan neblinosas en la memoria.
Pasan rápidamente estos tiempos de la nada apacible.



2 comentarios:

  1. Paco, no veas como te ha quedado la coca. Tengo en tí un gran competidor, je, je. Saludos.

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    1. Estuve a punto de llamarte para saber algo más del tiempo que necesita la masa para subir. Después de haber hecho la masa madre el día anterior y luego la masa ya completa tuve que esperar más de una hora larga para ver que había doblado su volumen.Confirmo de paso que la disfruté en la verbena y...en el desayuno!.

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