Fotocomedor

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domingo, 23 de diciembre de 2012

Abelo no!



Abelo!...no!!.

Y es que, copiando cita de Muñoz Molina, coincido con Robert Graves en que el primer verso de un poema lo dictan los dioses. En este caso no es un dios, es poco más o menos, es un nieto, mi nieto, y lo que dicta tiene el efecto de un resorte cuando lo que dice es: Abelo!...no!! para que entonces el poema que empieza sea yo mismo.

Él no sabe que me arrastra el alma como nadie; me deshace si llora; me revive si ríe; me destroza el cuerpo con sus juegos y lo soporto como si nada pasara. El no lo sabe.

Abelo!...no!!. Y es que acabo de pasarme de sobos, de abrazos y chupeteos con la declarada intención de que me suelte: Abelo!...no!!. Entonces pongo cara triste y compungida, como cuando me da un mamporro y, sin dudarlo, casi mecánicamente, abre los brazos y elige el punto inexistente de mi dolor para decirme: ¡ya tá, belo, ya tá!. El falso perdón de ningún pecado nos reconcilia y seguimos como si nada, a lo nuestro, despanzurrando coches de cartón o imaginarios, haciendo pasteles en horno de colorines, con su programa y su riiiing!, haciendo de la fantasía la mejor arma contra la realidad, si quiera por un rato, para que esta quede inmóvil o incluso nos tenga envidia porque en ése mundito efímero, no hay fallos, todo es, afortunadamente, perfecto.

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