Fotocomedor

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lunes, 23 de septiembre de 2013

Musica

Me hace pensar esta capacidad que tenemos para escuchar música en cualquier momento del día gracias a los múltiples medios con los que contamos para hacerlo. Nos acompaña al despertar, nos puede acompañar durante una buena comida, puede dar luz a una mañana gris y sombras a una tarde que languidece. Puede llenar de emoción un instante o puede acompañarnos insistentemente una melodía que nos dura todo el día. Del gozo al llanto puede haber un cambio de notas, un cambio de timbre, una armonía. Nos cruza de parte a parte y desconocemos ese secreto que hace vibrar nuestro sentir. Es un lujo a nuestro alcance desde hace relativamente poco tiempo y trato de imaginar épocas anteriores al siglo XX ¿cuántos podían y tenían la oportunidad de escuchar música bien ejecutada? Los momentos, si se daban, debían tener un carácter muy especial, recibido seguramente con veneración. Nosotros podemos apretar un botón y nos trasladamos, nos transformamos y si no nos gusta cambiamos cuando y como queremos. Poder contar con esa posibilidad para nuestra sensibilidad, no tiene precio. Hasta el punto que no imagino la vida sin música, la que nos guste claro, pero música.

Dejo este enlace de la música que me acompaña y me recoge ahora mismo, sin ir más lejos, con otro de mis animales de compañía: un libro.

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