Fotocomedor

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martes, 29 de abril de 2014

Delta

Programamos con ilusión una salidita juntos. Contratiempos inesperados nos hicieron posponer el momento. Pasados 15 días las nubes de preocupación se disolvieron y el anhelo de viaje volvió intacto. El resultado, casi obvio es decirlo, fue sufrir un ataque de felicidad y es que a esta edad, como te cuides un poco, pueden ocurrir estas cosas. Los síntomas son perfectamente identificables y puedes acabar, si no vas con precaución, tirándote a la bebida. También a la comida, con postre, ese añadido que supera la necesidad. De hecho estás como si en cada momento tuvieras que celebrar algo.
El cielo, de día y de noche, ha sido nuestra única frontera visible. La tierra nos ha regalado color y olor de azahar entre miles de naranjos. Desbordados los sentidos el ataque de felicidad puede convertirse en peligroso y conviene atajar cuanto antes los síntomas. Hay que cortar por lo sano, no hay más remedio, y a los 4 días se vuelve uno para casa.
Que se queden de guardianes los que lo han sido siempre: los olivos, esos milenarios de La Moleta del Remei que con su presencia han sabido defender  el paso de culturas ancestrales sedimentadas en los recovecos de  su tronco, en la sinuosidad de su figura, en las mil entregas de su fruto y en las firmes profundidades de sus raíces.

Ha sido un placer.


1 comentario:

  1. Bonita composición y musica a la par. Gracias por regalarnos los sentidos, papi!

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