Fotocomedor

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viernes, 21 de junio de 2013

Trafico de historias



El día 20 de junio a las 7 de la tarde fuimos mi amiga D. y yo a una conferencia que daba mi admirado Antonio Muñoz Molina (AMM), para mí referente y en cierto sentido (de sentir) mi alma gemela, con la diferencia obvia de que él ESCRIBE y yo no. Pero mejor os cuento mis impresiones iniciales e intento decir algo de lo mucho que dijo.



El personaje que yo he construido a partir de las lecturas que AMM nos ha ido ofreciendo, por artículos, entrevistas, sus libros, etc, curiosamente digo, ese personaje que casi inevitablemente se idealiza, es exactamente igual a la persona conocida. Al menos así me dio la impresión. Una verdadera capacidad de explicar las cosas con sencillez, con la elegancia de lo simple y a la vez profundo y también una precisión  total de las palabras que emplea, de los adjetivos tan acertados casi siempre. Ese dominio del discurso (habló una hora sin mirar notas) mostrando coherencia es envidiable ya que uno piensa algo y, a la hora de expresarlo, bien puede pasar que te pierdas en circunloquios o, aún peor, que te entiendan todo lo contrario de lo que piensas. Vivo con impotencia muchas veces la incapacidad por hacerme entender. Con AMM se entiende todo perfectamente.



La conferencia iba dirigida a potenciales escritores de la Escuela de Escritura del Ateneo de Barcelona que por otra parte es también escuela de lectura porque tiene una biblioteca preciosa, voluminosa, con un encanto modernista acertado según puede verse.





La clase magistral giró en torno a cómo hemos de relacionarnos con la Literatura, saber con precisión cómo queremos que sea esa relación. No pudo, aunque se lo pidieron, dar mensajes de optimismo a los nuevos aspirantes: “El optimismo, así como el pesimismo, en esta materia son absurdos”. Uno se enfrenta al acto de escribir porque quiere, nadie nos lo pide, y la clave está en que aquello sobre lo que escribas sea muy importante para ti. Uno debe ser honesto en este punto, no debe engañarse, ni para escribir ni para leer. La literatura puede ser una fuente de felicidad o de amargura y el consejo que nos daba AMM era el ser consciente, que se sepa, qué relación se quiere tener con ella. Apostar por el trabajo de escribir, como cualquier trabajo, dará sus frutos antes o después y de conseguirlo la sensación es de plenitud.



El contar, el narrar, no es un lujo cultural, es un rasgo mismo de la condición humana y  la tradición de escribir es relativamente reciente pues lo que ha predominado es el contar historias, traficamos constantemente con historias así que en ese sentido todos somos novelistas. Ciertamente hay mucho talento narrativo desperdigado por ahí, de lo que se trata es que ese talento se ejercite con humildad. El narrar, el contar, viene de lejos e irá muy lejos, más allá de las polémicas sobre el medio que la narración elija: papel, piedra, dígitos, da igual, el instinto de contar lo que pasa, lo que nos pasa, no desaparece y por supuesto es universal.



Sabemos que toda experiencia es singular, pero todas las experiencias, contadas, pueden ser inteligibles. La Literatura no trata de lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro. La Literatura es el reino de los matices, que es seguramente lo que nos enriquece, y se encarga de hacer literaria la experiencia, no al contrario, es decir, las grandes experiencias, que podrían parecernos literarias, no son condición necesaria para escribir y hacer Literatura. En el acto de escribir puede ocurrir que las mejores historias no tienen por qué ser inventadas y tras esta afirmación nos contó (siempre se trata de contar ¿os dais cuenta?) que una alumna suya había escrito cierta historia de ficción algo rocambolesca y artificiosa. Entre la conversación que mantenían le preguntó dónde había nacido, a lo que respondió que era de un pueblo de León que tenía un solo habitante: su madre. Acto seguido la recomendación era evidente: ahí tenía un material mucho más auténtico para escribir. Una vida puede contener todas las historias del mundo. La belleza del relato de las cosas más cercanas son las que pueden ayudar a crear la ficción recurriendo a ella sólo cuando se muestra imprescindible, cuando no hay más remedio. Será luego el oficio de escritor el que determine cuándo hay que elegir o no la ficción y lo más importante de todo: aquello que se elige debe importarle mucho al que escribe. Se trata de saber y determinar a qué profundidad del alma se encuentra algo.



Si se quiere escribir es importante el abandono, el dejarse llevar, pero con el cuidado de controlarlo luego todo con plena exactitud. Literatura es abandono y control, hay que revisar despiadadamente para que el resultado literario tenga la categoría de lo que debe leerse dos veces para ser Literatura. Y cuidado de nuevo porque si  sale bien se corre el peligro de ser secuestrado por el mismo estilo. Escribir una novela no es saber hacer novelas pues en cada novela nueva aprendes a hacer novela. Así lo experimentaba el propio Philip Roth.



Es curioso que le pedimos a la Literatura lo que parece un contrasentido: que nos mienta y que nos diga la verdad. Esta verdad de la Literatura la suscribiría Alain Finkielkraut porque en su libro “Un corazón inteligente” viene a mostrar la frustración del silencio de Dios (religiones) y el fracaso de las ideologías absolutas, totalitarias. “Ambos polos no pueden dar respuestas, pero sí la Literatura. La mediación de ésta no supone ninguna garantía pero sin ella la gracia de obtener un corazón inteligente seguiría siempre inaccesible, y tal vez, conoceríamos quizá las leyes de la vida, pero no su jurisprudencia”. Quedó claro que esos polos, para AMM, pretenden anular esa experiencia de lo particular y por si fuera poco han resultado históricamente muy genocidas.



Resumiendo: mis impresiones de la clase  magistral recibida colmaron todas mis expectativas. Creo que se merece de sobra el Premio Príncipe de Asturias y lo felicito por ello. En su intervención se notaba sutilmente el enorme soporte cultural que tiene adquirido en arte, en música, por supuesto en Literatura, pero en ningún momento sus citas resultaron pedantes. En absoluto. Tiene la elegancia de una transmisión del conocimiento lisa, comprensible, profunda. En definitiva, una gozada. Mi amiga D. y yo nos acercamos a saludarle humildemente para darle las gracias y aprovechar que nos firmara un libro suyo,”Ardor guerrero”, dedicado a E., esposo de D. y uno de mis mejores amigos. Después nos fuimos tan contentos.






1 comentario:

  1. Hola Calabatus: como me quedé con las ganas de ir a escuchara AMM te doy las gracias por contarlo en tu blog.
    Un abrazo,
    Maribel

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