Fotocomedor

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domingo, 29 de diciembre de 2013

Todo fluye

Tras la devolución del obligado libro de mi club de lectura, en el mostrador de la biblioteca retornaban “Todo fluye”, de Vasili Grossman, con una traducción de Marta Rebón. Lo pillé al vuelo. Lo he leído volando.

Después de 30 años de reclusión, Iván Grigorievicht vuelve a Moscú cuando Stalin ya había muerto. "Stalin se murió sin que estuviera planificado, sin la indicación correspondiente de los órganos dirigentes del Partido. Murió sin la orden personal del propio camarada Stalin…. en aquella libertad, en aquella autonomía de la muerte, había algo explosivo que contradecía la esencia misma del Estado. Una confusión total se apoderó de todas las mentes y todos los corazones". Y así ocurre en los totalitarismos cuyos orígenes, entrañas, mecánica  y finalidad fueron descritas tan acertadamente por Hannah Arendt.

Nuestro personaje, Iván, tras su salida de la cárcel, del retorno de su deportación, sólo por el hecho de ser crítico (no un menchevique, no un social-revolucionario, no un zarista) le acarreó la denuncia de alguno de sus conocidos. Y vuelve a los lugares y personajes que estaban presentes en su vida. Recorre como observador la traición política, la personal, la amorosa y paradójicamente, no condena e incluso justifica a aquellos que tras su presencia y, cómo no, su mirada, parecen quedar descubiertos por su vileza, por su delación, pero Iván no los juzga y en un ejercicio de progresión de la inmoralidad , Grossman describe la tipología de los judas que han ayudado a condenar a Ivan. Los repasa uno a uno, reflexiona sobre sus perfiles, calmadamente, desmenuzando sus esencias despreciables, haciendo notar cómo el placer, o el poder, o la superficialidad, o el afán de bienes, borra las conciencias y el lector, o sea yo , condeno a cada uno de esos judas pero Iván Gregoriovicht no lo hace, siempre encuentra una justificación en cada uno de ellos por alguna falta de libertad. Ivan no condena por lo terrible que es para él condenar incluso a los hombres terribles. Es la naturaleza misma del hombre la que lleva lo bueno y lo malo ¿juzgamos a la naturaleza? ¿nos avergonzamos de la naturaleza humana?. No creo que Grossman sea un ingenuo, más bien parece hacernos ver que en medio de una terrible tiranía las cosas no son fáciles,  la libertad no se ejerce fácilmente, es frágil.

La pasión revolucionaria de aquellos años, con el deseo de erradicar el mal de la Humanidad, fue la que hizo nacer un Estado que la mató del todo. Pero entonces, tal como apuntaba Finkielkraut, si el Bien no está en la Naturaleza ni en la Historia, ¿qué podemos hacer para no caer en el nihilismo, en el desasosiego político? Podríamos responder que salvando las pequeñas cosas diarias, particulares, y constantes del bien, de la solidaridad, de la defensa de la libertad, de no dejar morir la esperanza como le ocurre a Macha, el personaje de una mujer que llora al oír nostálgicamente una melodía que le revela en ésos segundos que no hay esperanza en un campo de concentración.

"La historia de la humanidad es la historia de su libertad. El crecimiento de la potencia del hombre se expresa sobre todo en el crecimiento de la libertad. La libertad no es necesidad convertida en conciencia, como pensaba Engels. La libertad es diametralmente opuesta a la necesidad, la libertad es la necesidad superada. El progreso es en esencia, progreso de la libertad humana. Ya que la vida misma es libertad, la evolución de la vida es la evolución de la libertad". Se nota en el libro un empeño por salvar lo singular, por salvar al hombre, no por salvar a la Humanidad.


Y ahí me he quedado, con un enorme trabajo reflexivo.

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