Fotocomedor

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viernes, 8 de mayo de 2015

Mar


El mar
(P.Neruda)

Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético, circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Mirlo en primavera

Hace algunas primaveras una pareja de mirlos hicieron su casa en nuestra ventana. Fueron 25 dias siguiendo y viviendo el acontecimiento. La Naturaleza tiene sus leyes y asistimos a ellas sin poder modificarlas.








martes, 5 de mayo de 2015

Cosmología

Hoy mismo comienzo un curso de Cosmología en la Agrupación Astronómica. Yo no puedo ser un aficionado astronómico al uso, por medios y por tiempo, pero me conformo con poder contemplar el enorme desarrollo científico de esta disciplina desde la antigüedad que ha afectado y afecta a nuestra concepción de lo humano en relación a todo lo que nos rodea.
Un precursor fundamental de la cosmología ha sido Platón y de su obra Timeo podemos extraer los postulados que fueron durante siglos y siglos, hasta llegar a Copérnico, el eje explicativo de la mecánica celeste, es decir, la explicación de los movimientos de los astros observados en el cielo.
Podemos decir que Platón sentó las bases conceptuales sobre las que los estudios astronómicos debían fundamentarse. Estos postulados son los siguientes:
1.- La Tierra, que sin duda es esférica, está inmóvil y en el centro de todo (es lo que llamamos geoestaticismo y geocentrismo).
 Si se lee el Timeo no se ve taxativamente esta afirmación pero toda la tradición posterior así lo entendió.
2.-Todos los movimientos de los astros que vemos han de ser circulares y uniformes.
3.- Los astros no pueden tener otro movimiento o cambio que ese movimiento circular.
Si se tiene en cuenta el concepto de las ideas platónicas, el cielo era la parte material que más se acercaba a ellas y por lo tanto tenía un carácter divino. Las ideas eran eternas e inmutables así que el movimiento que mejor expresaba esas propiedades era el circular y uniforme.
Estos principios conforman el cuerpo axiomático que condicionó a todos los astrónomos hasta el siglo XV. No se discutieron nunca y lo cierto es que todas las explicaciones de los movimientos estelares buscaron la forma matemática y geométrica de explicar lo observado en el cielo. Se trataba por tanto de responder  a esta pregunta: ¿qué tipo de movimiento circular y uniforme es el de los planetas que hace que a nosotros nos parezca que se mueven de una manera diferente? Es decir, los planetas cumplen la condición divina de circularidad y uniformidad, sólo que a nuestros ojos parece otra cosa, por ejemplo, el movimiento de Marte se ve como va avanzando sobre el fondo del cielo durante un tiempo, luego retrocede en su camino y luego vuelve a tomarlo (retrogradación). Había pues que buscar el modelo geométrico que diera explicación de la disonancia entre lo que se define y lo que se observa. La ciencia aquí aparece como muy instrumentalista ya que se busca justificar y salvar mediante modelos matemáticos y geométricos los fenómenos observados. Ptolomeo, en el siglo segundo, daba cuenta bastante precisa de todos esos movimientos que desde el punto de vista del observador, daba igual que la Tierra estuviera inmóvil y lo demás girara a su alrededor a que fuera el Sol el quieto y nosotros los que nos moviéramos.

Espero disfrutar no sólo de esta cosmología platónica y las que le siguieron hasta Einstein y su enorme revolución de la Física.

lunes, 4 de mayo de 2015

Recuerdo


Profunda alegría de oír por teléfono la voz de mi amiga. Golpeada por la arbitrariedad del destino ella ya puede hablar de la vida, ya deja de hablar de la muerte de lo que más quiere una madre. Su tono de voz me transportó enseguida a una parte de mí ya lejana en el recuerdo. Tras ponernos al día de sentimientos y quehaceres cotidianos, al despedirme, con un abrazo de corazón, me quedó un nudo de congoja.
Es tremendo. Das una mirada atrás y puedes contar tu vida probablemente en unas pocas frases, cuatro reflejos débilmente cogidos por otros tantos finísimos hilos que una distracción los rompe o los lleva al saco del olvido. El tiempo va actuando como una ventolera en campo abierto y aquellos recuerdos, aquellos trozos de memoria que nos conforman, corren como trotamundos en tierra yerma. Todo se vuelve más plano y sin abrigo. Todo apunta a cierta desolación. Deberíamos aceptar que somos un relato, un relato corto que cuando nos lo contamos, o lo contamos, lo hacemos con algo de bonanza, limando aristas y tratando de dejarlo con la intensidad de un cuento, uno de esos de héroes aunque sean de los cotidianos. Al pronto es difícil  responder a la pregunta que te haces o te hacen de ti mismo. ¿Qué digo? ¿Qué puedo decir que fuera más allá de ser un manojo de años y de miedos; que fuera más allá de comprobar mi ingenuidad y mis errores; que fuera más allá de sentir lástima por el tiempo perdido y por tanta mediocridad? Además creo haber tenido el empeño de conseguir cosas como si fueran a ser para siempre y definitivamente mías, sin ser consciente de que nunca están seguras, que nunca están ganadas eternamente, que un segundo evapora y cambia la vida. No, el tiempo pasado ya no cuenta y sigo manteniendo la dudosa certeza de que ahora sí, ahora sé más, ahora no cometería esos mismos errores, sin darme cuenta que este hoy es el ayer de un mañana que enjuiciará estas convicciones presentes como fútiles, tontas, inútiles.

Espero que en un nuevo encuentro, en un nuevo diálogo con mi amiga no me haya abandonado del todo la memoria y pueda evitar que ocurra que no sólo no tenga respuestas sobre mí mismo sino que tal vez no tenga ni preguntas.

domingo, 22 de marzo de 2015

Sopas

En la marquesina de una calle de mi barrio, la Vía Julia, se instala hoy un restaurante atípico. Los propietarios son todas y cada una de las personas que participan en el que empieza a ser clásico  Festival de Sopas del  Mundo. Su objetivo no es ganar dinero sino propiciar el encuentro y la convivencia  alrededor de los fogones y las viandas. Desde esta marquesina se defienden los proyectos cooperativos con productos de proximidad y se prioriza la calidad nutricional de su carta mientras se cuidan los vínculos afectivos que se generan en torno a la comida de este improvisado restaurante. Es un proyecto donde la riqueza sólo es entendida dirigida al bien común.
De un tiempo a esta parte, no obstante, la franquicia de restaurantes “Castafiore” es la causa de sus principales problemas. Dicen los sabios del pueblo que esta poderosa franquicia organiza comidas exclusivas para mantener barrigas selectas contentas: capos de la banca, chefs de administraciones recortadoras de derechos y otras “honorables” amistades.
Para mantener los privilegios y seguir haciendo crecer su negocio, los “Castafiore” ponen sus intereses particulares por delante de los intereses de la mayoría:
-Hacen sopas de sobre a niveles industriales a base de sustancias adictivas, conservantes, colorantes y potenciadores del sabor con los que pretenden disfrazar su producto de mala calidad que además provoca en sus adeptos aislamiento y debilidad.
-Fruto de los pactos urdidos con los poderosos, se apropian de las riquezas producidas por la comunidad, que debieran revertir en satisfacer las necesidades básicas de la gente. Estos oscuros negocios han provocado la precarización de las condiciones de vida de las personas, la pérdida de su trabajo o de su casa y el aumento de la pobreza y la desigualdad.
Ante este panorama, la marquesina de mi barrio no pierde el coraje y sigue haciendo de la necesidad virtud, sin renunciar a la denuncia de los privilegios de los “Castafiore”. La marquesina continuará abriendo sus cocinas, creando y ofreciendo lo mejor de lo que tiene para seguir transformando la realidad.

Hoy, un reconocido chef ha decidido poner al servicio de este proyecto su experiencia y transforma la marquesina en el mejor restaurante de mi barrio, de la ciudad y del mundo mundial porque “la vida sin sopas no tiene sentido y desde luego sin justicia menos”.
(Texto extraído y ligeramente modificado del pasquín de los organizadores) 

miércoles, 4 de marzo de 2015

Tiempo compartido


El otoño de nuestro tiempo
madura  labios y frutos del deseo.
Su luz fascina mis ojos viejos,
estrellas apagadas de profundos cielos.

Mi voz te clama en los ecos,
que dejan las hojas otoñales
rotas por anhelantes dedos,
buscando sendas en tu perfil entero.

Se acelera el corazón ardiendo
y espanta a las aves que ven
como bebo de tu cuerpo.

martes, 20 de enero de 2015

Leyendo filosofía política

Esta tarde de invierno, con algo de frío en cuerpo y alma, me encuentro la cita(*) que literalmente expresa un estado de ánimo en lo político, una reflexión sobre el mal social contemporáneo dicho con palabras de ¡finales del siglo XIX!:
“No me cabe ninguna duda de que el mundo en el que vivimos puede vivirse. Pero no por ello deja de ser un mundo de injusticia social en el que no hay libertad igual para todos (y, por tanto, para ninguno); un mundo de guerras, miserias y hambres sociales en el que no hay razón virtuosa ni felicidad en todos (y, por tanto, en ninguno). Entonces, decir de este mundo que “puede vivirse” es más una afirmación histórico-natural que histórico-moral. Este mundo real de fin de siglo es culturalmente bárbaro en su refinamiento. Me produce espanto el modo con que resuelve el antagonismo social y las imágenes que tengo de este modo moderno de vida son desgarradas y perplejas, cuando no trágicas.[…]. Este es un mundo que a la vez que me indigna y me subleva, me hace seguir siendo idealista y escéptico, ambas cosas juntas. Es decir, me hace ser un perdedor y lo que para mí es lo mismo: un racionalista infeliz.”
Es como un autodiagnóstico de los síntomas producidos por lo que creo que es bastante común a todos: desmantelamiento del llamado “estado de bienestar”, desigualdad creciente, injusticias sangrantes,  guerra, pobreza, corrupción, fundamentalismos descerebrados,etc, etc,.Vivo con problemas este discernir entre lo subjetivo y lo objetivo que exige esta voluntad mía de racionalismo o lo que es lo mismo, voluntad de entender esta puñetera realidad.


(*) Se trata de J.Lapv, autor de una obra inédita: “Crítica política”.(Citado en un artículo de Pablo Ródenas en la revista Anthropos)