Fotocomedor

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viernes, 24 de febrero de 2012

Más de lo mismo


Habíamos repetido cansinamente en nuestras manifestaciones en defensa del puesto de trabajo en Iveco, que Catalunya sufría, otra vez, una vez más, un golpe de desindustrialización. No han sido pocos estos golpes los recibidos por Cataluña, ni pocos los recibidos por el resto de España. Con tripartito o sin él, con PSOE o con PP mucho me temo que la senda será la misma porque fundamentalmente, lo que está ocurriendo les supera. El concepto de soberanía se desdibuja mucho en estos tiempos.

La desindustrialización es el efecto o la visión directa que tenemos, la parte  práctica  de las políticas que se han seguido en el mundo y, por arrastre, las que ha seguido España y Cataluña, digamos que bastante antes de la frontera de 2008. Sea por el desarrollo tecnológico, que indefectiblemente va restando cada vez más puestos de trabajo, sea también por las deslocalizaciones de industria a tierras más esclavistas, sea por nuestra falta de infraestructuras, etc. etc., lo cierto es que lo que más ha estropeado el asunto es el giro del poder, el verdadero poder, el gran poder del dinero y de quien lo tiene que ha apuntado a métodos de ganancias que llegan a niveles jamás alcanzados, prácticamente sin dar un palo al agua. No, no se han hecho ricos empezando vendiendo periódicos y acabando en grandes corporaciones productivas. El mundo de las finanzas es el mercadillo en el que todo vale, absolutamente todo, sin reglas. Naturalmente, la ideología conservadora justifica que ese ambiente, salvaje a nuestra mirada, es el propicio para los emprendedores, es el propicio para demostrar lo que vales en el mundo de los negocios, es el propicie para que la gente espabile y deje de vivir de rentas de la "sociedad del bienestar”. Se reivindica pues un darwinismo social demoledor que busca constantemente la desaparición de las reglas de juego político, las regulaciones que permiten cierto reparto de la riqueza que en definitiva es el que garantiza la cohesión social, las sociedades más igualitarias evidentemente son las más estables, más justas.
 La desaparición del ente regulador, del garante de las reglas de juego es el eje fundamental de este neoliberalismo, es su esencia.

A estas alturas, tal desaparición de reglas de juego, se lleva por delante incluso el capitalismo tradicional sustituido ahora por este capitalismo salvaje. Los economistas saben bien la diferencia y conocen académicamente las salidas. El capitalismo actual ha perdido el “miedo psicológico” que representaba la potencialidad de las luchas de los trabajadores de los años 60 y 70 además de haber perdido el miedo o la tensión existente en la política de bloques, antes de la caída del muro de Berlín. Fracasado el proyecto comunista en su vertiente totalitaria, afortunadamente, el discurso es uno sólo. Aquellas luchas, su desarrollo, fueron responsables de la “sociedad de bienestar”, fueron responsables de un mayor equilibrio en el reparto de riqueza, fueron responsables de las legislaciones que en lo social, en lo sindical, en lo político, en la conciencia ecológica, dotaron de mayor racionalidad al sistema, lo perfeccionaron si cabe.

Pero el mundo hoy es de los empresarios. No limitan sólo su presencia a la actividad económica. Fundamentalmente están dirigiendo sus recursos al ámbito de la representación política y, desde ese punto de vista es donde la encontramos emponzoñada, desvirtuada, chantajeada, prisionera, secuestrada.

Este vendaval, que arrastra miles y miles de pequeñas y grandes tragedias diarias de la población, no volverá nunca más a los raíles ni estaciones anteriores del recorrido histórico del capitalismo tradicional. No es posible aguantar durante mucho tiempo esta enorme diferencia entre “economía real”, visible en la industrialización y la red productiva de un país, y la “economía virtual financiera”. El sistema presenta grandes contradicciones y problemas que auguran cambios de paradigma. Los mercados no han sido los que trajeron la “sociedad del bienestar”, que nadie se equivoque. Los mercados son ruletas que sólo pararán su giro irracional con convulsiones políticas de gran calado para hacer un sistema mucho más transparente, mucho más democrático, que abra nuevas vías para la historia,  o no será un sistema social sostenible.

Mientras todo eso no ocurra, nuestros derechos bajarán a límites de supervivencia, ésos límites que en los sueños de este capitalismo salvaje permita ser competitivo con las economías emergentes asiáticas (desbocadas por completo) para luego explicarnos que estaremos creciendo gracias a la confianza que da ser  carne de cañón para los inversores sin escrúpulos. Eso si los especuladores llegan a permitirlo con sus alucinaciones.

En este contexto, afortunadamente, hay algunas voces que disienten de los métodos del discurso único, y no son fuentes de autoridad desdeñables. Me refiero a los premios Nobel Paul Krugman, Joseph Stiglitz y alguno de los grandes analistas económicos como Richard Koo, de cuyas lecturas se desprende que nuestra economía local, la española, y no sólo ella, estaría 180ª orientada a la inversa de las alternativas que ellos apuntan, es decir, que la política de ajustes son un verdadero disparate y cito a Krugman:”Lo más indignante de esta tragedia es que es totalmente innecesaria. Hace medio siglo, cualquier economista (…) os podría haber dicho que austeridad en tiempos de depresión era una muy mala idea. Pero los políticos, los entendidos, y, siento decirlo, olvidan lo que sabían. Lo malo es que millones de trabajadores están pagando el precio de esta deliberada amnesia”. Aquí creo yo que entra el “factor psicológico” que he citado, el de que sin oposición ideológica ni tensión social patente, los economistas se dejan llevar por la interpretación del modelo único que prioriza salvar a los culpables de la crisis, es decir, al poder que encima sacará beneficio de ello (ir preguntando a los griegos) y se deja para después salvar la sanidad, la educación, la investigación, etc. Economías productivas a corto y medio plazo no se ven.

Acabo esta entrada, aunque amenazo con seguirla, pero espero que sea más ordenadamente.

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