Fotocomedor

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sábado, 9 de noviembre de 2013

Leer en vano

Uno va leyendo, aquí, allá, en esto, en lo otro, con la convicción de que vas a recordar todo lo que te está impresionando en algún sentido. Está uno en describir primero esas ganas de saber de un tema, histórico, artístico, científico, para enfocarlo bien, contrastarlo si puedes, medir su verdad, medir los sentimientos que te provoca. Hallas, después de un esfuerzo notable por fijar en la memoria, que ha quedado muy poco en tus alforjas, que tu memoria no ha retenido y que por tanto no has aprendido nada. Ya no puedes confrontar, ya no puedes coger casi nada de esas alforjas de la memoria que te habría de servir como herramienta para analizar, desmenuzar ideas, cogerlas de nuevo y dar a las tuyas método, coherencia, discurso. Te sientes perdido con cuatro cartas malas para jugar habiendo tenido la impresión cuando leías que tendrías toda la baraja en la mano porque comprendías, abarcabas. Un instante. Sólo ha sido un instante. Has estado ante una idea que afirma las excelencias de un cuadro, las de una novela, las de una genialidad política, las de una historia contada en una agradable conversación, y de pronto, como si el pensamiento se hubiera quedado huérfano, desamparado, sin motor, no acude en tu auxilio, no puede. Intuyes retazos fugaces de esto o aquello,  de cuándo o de cómo. Nada más.

Pero no está todo perdido. No todo es impotencia. Sin quererlo, una sola palabra, como una llave de cerradura cuando te abre la puerta, te aporta una idea que te sorprende, que además la reconoces como tuya, original no por su excelencia pero sí porque su origen está en ti. Ahora empieza la fiebre, ahora buscas más libros, más citas, y algo de esa perdida y desolada memoria empieza a reaccionar. Tienes la intuición de que expresarlo va a ser difícil pero te animas a que el resultado, con cierta condescendencia, lo puedes incorporar al campo estrecho de lo aceptable, de lo legible, de lo transmisible. Te juras que para cuando vuelvas a la lectura lo harás con más atención, con más rigor, pero es inevitable volver a sentir lo mismo: que has leído en vano.


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